«Una forma clásica en la activación emocional es la música, a través de ella se pueden clasificar los procesos internos, ya que una música fuerte estruendosa, sacará afuera lo más negativo y aquella clásica suave y delicada, hará que el alma se calme aflorando lo positivo.» El Ser Uno
Actualmente
en los últimos 20 años el sentido de la música se ha transformado a algo muy
parecido al fenómeno de la Teriantropía (la transformación del hombre en
animal), es una fuente para que broten los bajos instintos. Lo que suena ya no
tiene coherencia, sentido, forma, vibración, elocuencia.
La
degradación de los sentidos, de la letra y el mensaje parece ser algo muy común
bajo una sociedad que se acerca a la locura del sentido común. Que diferencia
al escuchar una música de un ritmo cadencioso, suave y delicado con
instrumentos agudos. Nada como ejecutar algún instrumento algún talento y la
emoción con el público. ¿En dónde ha quedado la formación de hombres y mujeres
que realmente sientan la necesidad de aprender día a día algo: química, ingeniería,
psicología, matemáticas, arte, geología, música, historia y demás
Hay
que observar detenidamente lo que está sucediendo en la actualidad, niños
aprendiendo materias de ciencia y tecnología. La filosofía, la importancia de
la psicología, arte, música, pintura, escritura, han quedado como un dato
histórico para hace mas de tres décadas. La mayoría piensa que son profesiones
que no dejarían un importante sustento económico, pero la intención va más allá
sin lugar a duda.
Parece
que estamos viviendo ya el futuro que tanto plasman en las películas, la
tecnología es nuestro entorno, donde las maquinas hacen todo y el conocimiento
es 100% tecnológico. ¿Y la aportación del ser humano?, ¿y su expresión interna?
¿Cómo desconectarse
del mundo exterior? Si hacemos caso a los videos publicados, al de la
tendencia, al de los méritos por visualizaciones, es dejar de ver nuestro verdadero
conocimiento. ¿Cómo conectarse con el mundo interior? El llamado tiempo para uno
mismo, es sumamente sencillo, aprovechar el tiempo para leer, escribir, cantar,
bailar, realizar ejercicio, escuchar música o tocar un instrumento. Por eso inconsciente
o conscientemente las madres de familia buscan alternativas, de como
sobrellevar ese tiempo “muerto” para sus hijos.
La música
en sus inicios era utilizada para agradar a los dioses, y esos tonos o
vibraciones que generan un ambiente positivo o negativo. A través de ella
podemos expresarnos con sentimientos de amor, de tranquilidad, y por otro,
mensajes que manipulan la programación mental, incentivando un libertinaje de
forma repentina y repetitiva. La forma de “entretenimiento y ocio” ha sido
llevado a lo largo de los años bajo un mismo molde o corriente. La música, las películas,
la televisión, los espectáculos parecen estar todos contaminados, afectando de
alguna u otra manera el subconsciente.
Con este
preámbulo preguntémonos, que aporta la universidad a los jóvenes aun en
formación. Sin duda alguna dentro de la música, se encuentra la formación de
grupos musicales, rondallas y tunas universitarias. Recuerdo aun, que la
esencia de formación de una tuna - extranjera afortunadamente -, era la de
coadyuvar al universitario para terminar sus estudios a través de la música.
Hace más
de 20 años, en Oaxaca existían tunas universitarias ofrecidas al mercado como
oligopolio. La famosa rivalidad entre la UABJO y la URSE rebasaban el sentido
educativo, sino incluso en términos artísticos. Y al final, ¿para qué?, si se
distancian los jóvenes al no encontrar sentido en ejecutar y cantar una simple
canción frente a público.
Con la
intención de quitarse lo tradicional y monótono de la llamada “Tuna de Antequera”
varias personas que pertenecieron desde sus inicios solo lo ven como quimera y
sin duda, poder recordar como la disciplina tiene un sentido para que las cosas
se desarrollen.
Desde
hace décadas, eran pocos los que quedaban y muchos los que iban de paso para
pertenecer a una tuna universitaria. El circulo era exclusivo, y tenía un
sentido de orgullo portar una beca, por el esfuerzo y la fidelidad a la
agrupación que se pertenecía.
Hoy en
día, las cosas incluso en ese mismo sentido han cambiado. Antes, un “pardillazgo”
era cuestión de caerle bien a media tuna, ser simpático y entrar en el
ambiente. Hoy, no importa esperar, porque el traje y la beca se ofrece al mejor
postor, solo para que la toma de la fotografía supere los 15 miembros.
Ejecutar
con disciplina el instrumento, era lo primero que observaban los becados para
el desarrollo de tu proceso en la tuna. ¿Cantar? Ni se diga, como iba uno a
crecer en la agrupación sin ningún aporte sonoro. Hoy, los acordes no importan,
ni su variedad ni su complejidad, porque el ocio y la sociabilidad de la tuna
abarca todos esos aspectos que el traje parece otorgar por medio de telepatía.
Sin
duda, la disciplina y los aprendizajes que conllevan pertener a una tuna deberían
de resguardarse y prevalecer. Aun en esta época, no se entiende como a pesar de
que la tradición enmarca que no todo es la ejecución del instrumento, varios se
defienden con esa misma postura por tener más de 10 ejecuciones de misas eclesiásticas
al día y “vuelven a pintar su raya”.
Oaxaca
es un canasto vivo y diverso de artistas y músicos. Es bonito escuchar como
agrupaciones ganan premios estatales, nacionales e internacionales y sin
embargo, el punto básico del respeto a los demás, el significado de los valores
y de sobrellevar la tradición como una amabilidad para que las tunas
universitarias en un mismo lugar puedan convivir por ser universidades de una
misma entidad oaxaqueña, quedan en el olvido.
Más allá
de colores institucionales, rivalidades sin sentido, premios internacionales, deberíamos
de voltear a ver a las nuevas generaciones que han roto la brecha del oligopolio,
y crear lo suyo con nuevas becas universitarias. ¿Qué falta? Tener un sentido
de pertenencia por la beca con la que se toca o ejecuta. Disciplina y desde
luego reivindicar el ocio, para que la música sea música y no un pretexto para
despertar la Teriantropía. ¿Y el dinero? vuevlo a recordar, la ciencia
(abogados, médicos, ingenieros, nutriólogos, contadores, psicólogos) y las
artes son una conjunción y no una separación.